Agradezco la invitación a la publicación digital “QUEBRACHO”:
Que evoca una revolución de los hombres libres de este país contra el militarismo de Santos y que trasmite imperecedero un profundo símbolo.-
A. A.V.
Nuestro país, luego de su primera Carta Magna de 1830, sufrió un largo proceso de guerras civiles y enfrentamientos, algunos con intervención de otros países, y de ese acontecer histórico fue surgiendo la necesidad de reformar la Constitución y construir una democracia moderna.-
Así fueron las luchas fratricidas, hasta que la última guerra civil, la Revolución de 1904, quizá la más sangrienta de todas las que hayan habido en nuestro medio – merced a la incorporación de moderno armamento – dio paso a que el voto sustituyera al fúsil.-
En esa nueva etapa histórica, con la reivindicaciones revolucionarias se van consolidando las conquistas cívica y aún en la confrontación de ideas y soluciones que van a caracterizar esa época - sin excluir de nuestro razonamiento los diversos duelos que se hubieron entre dirigentes políticos - hay un factor que va a comenzar a ser común: dirimir la contienda en torno a las urnas y no por las armas.-
La Constitución de 1918, será el gran pacto político y el punto de inflexión, entre aquel pasado violento y turbulento y la nueva etapa que se iniciaba.-
Se consagran, entre otras conquistas: el voto universal y secreto, cuya regulación legal se hará con la Ley de Elecciones de 1925 y la creación de la Corte Electoral y un registro cívico permanente; la separación de la Iglesia y el Estado dejando de ser confesional y pasando a ser laico con libertad de cultos; la supresión de la pena de muerte; la creación de los gobiernos departamentales, con poderes propios y atribuyéndoles potestad tributaria; la consagración en el rango constitucional de los entes autónomos como empresas pública y también los de enseñanza; dotar a la minoría del Poder Legislativo de la posibilidad de llamar a Sala a los Ministros y de crear Comisiones parlamentarias con fines legislativos o de investigación; y la forma de prevenir el abuso del poder presidencial fue la concreción bicéfala a nivel del Poder Ejecutivo: de un Presidente de la República con algunas facultades, las de gobierno, policía, defensa y relaciones exteriores, y un Consejo nacional de Administración, con competencia en las ramas de administración del Estado.-
Para una tendencia, la de raigambre “batllista” supuso, la aplicación de su propuesta colegialista y para la otra tendencia expresada por el nacionalismo una forma de coparticipación en la gestión pública.-
Pero, lo que debe rescatarse de todo esto y de las fórmulas institucionales que han sido objeto de transformaciones y cambios, es que esta Carta consagra el espíritu políticamente liberal, republicano y democrático de nuestra sociedad.-
Esta concepción se fue manteniendo, en la diversidad de ideas, confrontación de soluciones, choques de filosofías, pero – pese a algún breve interregno – fue el sustento de una sociedad tolerante, que podía convivir en la discrepancia y que sabía acordar cuando el país estaba frente a los grandes temas.-
Contra esta concepción políticamente liberal, democrática y republicana de nuestra sociedad se levantaron en la década del 60 los que integraron el movimiento guerrillero.-
Sin justificación alguna: el Uruguay, en esa época, vivía el segundo gobierno del Partido Nacional del Siglo XX, con un colegiado de mayoría nacionalista y con el contralor de la minoría colorada.-
Estaba ese gobierno, electo libremente, y esa forma de gobierno, con la conducción de la mayoría y el contralor de la minoría, con plena vigencia de todos los derechos y libertades.-
Nada justificaba entonces una acción armada.-
Luego, con el transcurso del tiempo, se produce, comenzando el 9 de febrero de 1973 y culminando el 27 de junio de 1973 un golpe de Estado militar, ordenado desde el Poder Ejecutivo, y que con diversos pretextos – aunque la sedición había sido derrotada en el año 1972 – invocaba variadas razones para imponer un régimen autoritario.-
Ambas alternativas, con finalidad y objetivos diferentes en su formulación, atacaron aquellas bases que la sociedad uruguaya vino construyendo y desconocieron los principios, liberales y republicanos.-
En el enfrentamiento a las actitudes del autoritarismo y a la imposición de una dictadura militar, los partidos políticos, en general – y salvo pocas excepciones – aún con diversidad en sus enfoques estuvieron en contra e intentaron defender precisamente ese estado de derecho liberal que sufría un ocaso transitorio.-
Luego, en el mismo sentido y con los mismos valores, se produce el histórico pronunciamiento del “NO” en el plebiscito de 1980 y con la curiosidad que quienes defendían la otra posición – la del “SI” – decían que ese era el camino del reestablecimiento de la democracia.-
Los autores del proyecto autoritario, en aquella jornada histórica, fueron derrotados en las urnas y, otra vez, el voto secreto fue formidable instrumento en manos de un pueblo que defiende su libertad.-
Lo que significa – y proseguiremos con el análisis en otra oportunidad – que cuando se percibe el peligro de la instalación de regimenes autoritarios, otra vez los ciudadanos, sin distinción de colores, ni de postura política, en la esencia, se vuelven a juntar para defender los principios republicanos y liberales.-
Así fue contra el golpe de estado de 1973 y así, también, lo fue contra el proyecto constitucional autoritario de 1980.-
Ese sigue siendo el desafío de nuestro tiempo.-
Dr. AMILCAR A. VASCONCELLOS.-
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